¿Quién borró la Historia?

Se deslizan los meses raudos, constantes y fríos. Y con ellos los años que se agotan.

La ventana espera una lluvia que no llega y yo, con mi boli, vaporizo las ideas.

Ya no sé qué tengo, ya no sé quien soy, tras atravesar una crisis sin fe ni ilusión. Donde las creencias caen y las certezas se escurren entre ríos de confusión.

Así, que ayer fui a explorar la subida a Madalenaitz. La naturaleza, el bosque, la montaña, son de las pocas cosas a las que, de momento, nos podemos agarrar.

Me crucé con un hombre mayor. Muy mayor. Fibroso y ágil como las cabras que saltan por ahí arriba. Con su mirada pícara, anclada en sus 16 años, pareció decirme: “todo está bien, continúa”.

Después, me ladró un perro lustroso y su dueño, con esa sonrisa secretuda de los pueblos, me indicó el camino a medias. Nunca desvelan todo lo que saben, acostumbrados a callar. Quien sabe.

Un rato después, conforme iba ganando altura, me crucé con una corza preñada que ladró seco y grave como un sordomudo que trata de expresarse. Y, mostrándome su popa, me invitó a seguirla por los vericuetos del bosque.

Lo hice, fui tras ella sin dudarlo. Trotamos un buen rato entre robles y hayas, arces y acebos de hoja nueva. Al tomar una curva pronunciada, sentada bajo una inmensa roca plana donde los chavales escalan, había una morena hermosa como los rayos de luna plena.

Sentada sobre un tocón de haya recién cortada me hizo seña de que me acercara.

-Os han mentido tanto, arrancó.

Mucho, muchísimo.

En el colegio y en las universidades. Os han mentido tanto que dan ganas de llorar. No por el mal que hicieron solamente sino por lo que debió haber sido y no fue.

Asentí con la cabeza. A mí también me duelen las mentiras y también sé que las generaciones pudieron disfrutar de salud y libertad. De armonía y de paz. Pero alguien lo abortó.

¿Quién nos robó la Historia?

Nos inculcaron creencias infantiles que arraigaron con los años hasta convertirse en ciencia. Nos dijeron esa frase horripilante de que “las cosas son como son y nunca se podrán cambiar”

Nos borraron la memoria que bardos y poetas guardaban celosamente en lo profundo de su ser. Y borraron los vestigios de épocas de felicidad, abundancia y placer.

La religión primero, la ciencia y la política después. Prohibieron el sueño de quien quiere volar. Prohibieron recordar, apartando a quien pretendía señalar que no, que hay mucho más oculto por quien nos quiere dormidos, sin dar vida a la Vida.

Ayer no hice cima ni encontré la cuerda que buscaba. Pero espero volver y encender la fantasía en un bosque poblado de mitos y leyendas. Mientras paseaba por sus entrañas, el bosque me recordó que de él salen los libros. Que las bibliotecas son bosques de libros con tantas palabras como hojas agitadas por la brisa de la literatura.

A fin de cuentas, el bosque inspira las historias y da el papel para escribirlas.

Los bosques se vacían y las bibliotecas también. Sólo encuentras en ambos personas que valoran sus tesoros. Ya no hay curiosos, ni domingueros, lo cual no está mal. Pero da mucha pena que haya tanta gente que no honre y disfrute del silencio y la sabiduría que en estos dos lugares se regala a quien los necesita.

Los escritores y las escritoras serán los chamanes del futuro. Los que doten de alma a la palabra. Atraerán a la gente con sed de historias, que se ahogan por no saber la verdad de las cosas.

Y a ellos acudirán, a escondidas, los buscadores y las buscadoras que no se conforman. Que intuyen que hay más, mucho más, al otro lado de la falsedad, la mentira, y el olvido interesado.

La inteligencia artificial hará corta-pega a nivel industrial. Y, quizás, del mismo modo que la imprenta relegó a la riquísima tradición oral, perdida en la bruma del pasado, tal vez la IA acabe con la literatura.

La morena del bosque, serena y espléndida, me dijo: “no temas, todo está guardado. Y además, todo va a cambiar. Cada cual irá al lugar acorde al pulso de su alma. Quien despierte recuperará el tiempo perdido en guerras y en dolor. Verá lo que pudo ser y podrá empezar de nuevo. No sabéis la belleza que os espera a la vuelta de un Amanecer.

Quien siga dormido, tardará en despertar. Seguirá creyendo en la historia robada. Y vivirá encerrado tras los muros de creencias obsoletas que impiden ver la vida con mayúsculas. Es pena sí, pero cada cual tiene libertad de elegir.

Ya oscurece e inicio el regreso. Me esperan en Arbizu. Deshago el sendero con las huellas del revés. El viento se agita y doy un traspiés. Golpea un granizo fino contra mi cara y las ramas crujen desesperadas.

No llueve normal, hay humedad en el aire, vaporizada, y el viento la empuja, la agita, la revuelve.

Enciendo el fuego en la sala redonda para secarme a mí y para calentar a los que llegan con ganas de escribir la Historia sin olvido ni borrón.

Omkar Carabia 23 de marzo de 2023.

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Director de Amari Yoga

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