Lo que me contó un árbol en las navidades de 2022

Todo empezó aquel día en el que salí de casa apresurado, camino del bosque, pues sentí una llamada urgente.

Como un impulso de salir corriendo y llegar al linde del prado, donde los primeros árboles comienzan a asomar su verdor.

Corrí sin pensar en lo que encontraría en un recodo del sendero. Solo corría y corría en respuesta a ese presentimiento que me empujaba hacia las rocas de Madian.

Llegué apresurado, con el pulso acelerado y, sin tiempo a reposar, me encontré con una escena maravillosa:

Era Elisa, la que vive cuatro casas más abajo, donde el arroyo, pero estaba, como decirlo, flotando en el aire.

Era y no era.

Por alguna razón yo reconocí a mi vecina y amiga.

Pero estaba tan radiante, tan liviana, que no parecía ella.

O, si lo era, se encontraba en su mejor versión.

Una luz cubría desde el suelo hasta las copas de los árboles, en un continuado dorado, blanco…y, deslizándose por esa pista vertical de luminosidad, se elevaba suavemente mi amiga, mi querida Eli.

Cuando estaba a punto de desaparecer hacia lo alto, me hizo un guiño cómplice invitándome a subir con ella,

Como hipnotizado, sin capacidad de reacción ni de discernimiento, me acerqué a la luz, sólida, tangible, que subía y subía en dorado y blanco hacia lo alto.

Cuando ya casi estaba tocándola, sentí un bienestar tan placentero, como si todo mi dolor y todo mi miedo de años de servidumbre en este planeta se hubiesen saldado de repente.

Me sentí tan cómodo, tan sano, tan libre, tan completo, que todo lo percibía desde la maravilla.

Entré en la Luz

Y suavemente me acogió. Sin apretar, sin prisa, sin agobio de ningún tipo.

Me invitó a subir a través de ella en pos de mi amiga a la que apenas le veía los pies radiantes.

Subía sin movimiento, sin sensación de moverme. Solo subía tranquilo, sin agitación alguna.

Y, al llegar a la altura de la copa de ese hermoso roble en el que tantas veces me había encaramado con bastante mas torpeza, atravesé el umbral dorado por el que previamente había pasado Eli.

Y al otro lado, dios, que había al otro lado….toda la gente de mi pueblo de verdad. Tranquilos, bellos, felices.

Era como el positivo de lo que se vivía abajo, en los zarzales de la realidad.

Eran los mismos pero guapísimos.

Libres y felices como jamás había soñado.

Vi a Eli caminar hacia una sala redonda al fondo de la calle de tierra prensada y limpia. Y seguí tras ella.

Me acerqué y le pregunté: pero Eli, ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando? Es increíble…!

Mi amiga sonrío amablemente y me invitó a entrar en la sala redonda donde había varios grupos de personas charlando animadamente.

Nos sentamos en unos cojines comodísimos que había sobre esas mullidas alfombras de color nuevo para mí.

Y me empezó a contar que venía a este lugar una vez a la semana. Que sin este espacio de descanso la vida en la tercera dimensión se le hacía insoportable.

“Como juego está bien, como experiencia, pero leñe, me genera tanta angustia y tanta desazón que necesito venir a la Fuente regularmente”, dijo mi amiga.

Nosotros somos esto en realidad.

Lo de ahí abajo es un holograma para ver como nos relacionamos y como evolucionamos sin memoria. Sin saber lo que somos en realidad.

Aquí puedes ver lo que somos completos. Sin esa fea capa de miedo que nos envuelve cada vez que bajamos a la inconsciencia.

En ese momento sonó un sonido angelical, como una flauta dulcísima de quinta dimensión, y la gente empezó a callar y a sentarse en círculo en torno a un centro de cuarzo azul con flores innombrables y aromas tan finos que te embriagaban sin darte cuenta.

Quedó una parte del círculo sin sellar, había un cojín libre.

Se abrió una cortina de luz blanca para dar paso a un ser bellísimo.

 

No era hombre, tampoco era mujer.

Era como si lo femenino y lo masculino estuviesen perfectamente ensamblados en un cuerpo ideal. Lleno de luz, de energía, y adornado de una mirada compasiva que desarmaba cualquier posible desavenencia. Aunque, todo hay que decirlo, ahí no había ni tan siquiera un pensamiento que distorsionara el momento.

No me miréis con esa cara de asombro, espetó Kairi mientras tomaba asiento. Es un cuerpo de silicio como el que podréis tener vosotros dentro de poco si conseguís pasar la última prueba que está prevista ahí abajo.

Pasaréis del carbono al silicio y obtendréis cuerpos de este tipo capaces de volar, de atravesar la materia, con una memoria inmensa que os dará fe de todo lo que habéis vivido cada uno de vosotros a lo largo de vuestra larga cadena de vidas.

Podréis recordar los rincones del universo donde habéis dejado amores y bellos recuerdos. Y, si es vuestro deseo, podréis echar una mirada hacia adelante, hacia ese futuro lleno de recompensas para quien ha sido capaz de ser fiel a sí mismo a pesar de las adversidades.

Bien, empieza la asamblea.

Con su mirada limpia, Kairi proyectó una serie de imágenes en el plasma, en el centro de la sala. Era como si el cuarzo azul fuera un proyector de tal pureza y realismo que hacía revivir los últimos acontecimientos vividos en la tierra.

Por nuestra retina desfilaron, ya sabes, guerras de diseño, virus de laboratorio, injusticias y fealdades varias entre las que destacaban los incendios de las grandes masas forestales del planeta, la contaminación de sus aguas y las estelas químicas de los aviones.

Kairi dijo, una vez finalizada la proyección: las fuerzas involucionistas están a tope. Dificultando el proceso de despertar de la humanidad.

Como sabéis, llevamos un tiempo alineados con nuestro sol que, a su vez, está alineado con el centro de la galaxia. Y desde el sol central se emiten fotones en masa para ayudar al despertar en consciencia de la gente.

Si ahora no lo conseguimos, perderemos un ciclo de 26.000 años. Continuaremos un ciclo más de encarnaciones en escenarios de esclavitud, injusticia y fealdad.

Pero no podemos fallar, porque el planeta ya está vibrando más alto. Gaia ha cumplido su parte del plan. Pero la gente…hay la gente…tan imprevisible como siempre, no está todavía a la altura.

Demasiado miedo, demasiado egoísmo, que impiden un cambio armonioso y tranquilo.

Y lo que no se hace a las buenas, ya sabéis como acaba….

Bien, alguien tiene que ir a las Pléyades a por un inhibidor de estelas químicas que pueda diluirlas y, de este modo, podamos integrar los fotones, la luz, que viene de Sagitario A.

Eli me miró con una sonrisa más que cómplice…no….dije para mis adentros, no estará pensando en que ella y yo….si no he salido apenas de mi pueblo ni he viajado apenas por Europa…no pretenderá que le acompañe hasta allí, que no sé ni dónde leches están esas estrellas.

Y, además, ¿Cómo se va a las Pléyades…?

A la Séptima Hermana, ha dicho, nada más y nada menos.

Eli me cogió suavemente de la mano y nos acercamos a Kairi que en ese momento se despedía de alguien.

Sin mediar palabra, nos tomamos los tres de las manos y Kairi empezó a entonar un delicioso sonido, una extraña y agradable mezcla de sonido gutural y silbido.

Suavemente, comenzamos a elevarnos.

A nuestro paso, la materia, el techo del edificio redondo, se diluía. Silencio, como si hubiéramos desaparecido. Sonido y, de repente, un espacio nuevo.

Me hace falta otro idioma para describir lo que allí se veía. Lo que allí se respiraba.

Decir que entramos en una atmósfera rosa no es preciso. Decir que la realidad se construía a cada pensamiento tampoco es exacto.

En la 7ª Hermana, en las Pléyades, se estaba mejor que bien.

Qué lejos lo burdo de la tercera dimensión. En la 11ª dimensión de conciencia en realidad no se estaba, se era.

No voy a intentar describirlo por no mancharlo. Por no dar una imagen distorsionada de lo que allí viví durante lo que me parecieron segundos.

Porque, sin apenas darme cuenta, ya habíamos regresado de nuevo.

Estábamos en la sala redonda con un aparato esférico de un mineral desconocido para mí.

Kairi nos abrazó con la mirada y salimos Eli y yo, deslizándonos por la luz del roble, camino a nuestro pueblo.

 

Colocar el aparato en el centro del pentágono.

Teníamos que llegar al Pentágono. Al centro exactamente, para más señas.

Y si llegar a las Pléyades fue sorprendente pero fácil, ir al Washington de tercera dimensión iba a ser realmente complicado.

Desde aquel precioso viaje a la séptima hermana a través de un delicioso sonido, los mecanismos de la tierra nos resultaban realmente groseros.

Sobre todo los coches de combustión. Primitivos, verdaderos cacharros rodantes y escandalosos.

El avión mismo, resultaba burdo. Torpe, pesado. Bueno, incluso nuestro cuerpecillo serrano de carbono, no era tampoco gran cosa comparado con aquellos cuerpos de silicio tan chulos que vimos allá arriba, en las estrellas.

En Bugarach, al este de los Pirineos, nos indicaron que podíamos usar los antiguos túneles que comunican todos los continentes. Que nos podían ayudar a llegar al pueblo de Erks, en venado Tuerto, Argentina.

Desde allí, nos ayudarían a llegar a norte américa y, una vez en la superficie de la ciudad, tendríamos que apañarnos para colocar “la bola” en el patio central del pentágono.

Ahí es nada.

Recordamos una de las sentencias de Kairi donde decía: …no penséis en el cómo, pensad en el qué…

Así que el qué era colocar la bola. Una vez colocada en el lugar adecuado, se activaría sola y haría su trabajo.

Pensad en el qué…el cómo se irá dando. Marca la dirección, el universo te llevará.

Era fácil decirlo, pero sentados en un parque cercano a nuestro objetivo, no veíamos el cómo ni de lejos.

En eso, pasó delante nuestra un jardinero empujando un carrito de plantas y herramientas.

Se paró ante nosotros y, guiñándonos un ojo, dijo, meted la bola dentro de esta maceta, la cubriré con esta orquídea y la plantaré en el centro del jardín.

¿Qué os creíais, que estabais solos en este embrollo?

Ni hablar. Cuando alguien mueve una ficha, activa a las siguientes. No tenéis que hacer todo vosotros solos. Estamos mucha más gente deseando colaborar en el Gran Despertar que se avecina y que, en definitiva, no consiste mas que en recordar quienes somos de verdad, fuera de lo que nos han hecho creer durante generaciones.

Somos más mucho más.

Somos tan grandes que cabemos en una semilla de calabaza y desde ahí, exploramos galaxias.

Somos todas la posibilidades.

Estamos en todas las partes y somos el todo.

Somos trozos y somos la suma de todo.

Eso es lo que olvidamos y lo que hemos de recordar.

Así que el jardinero cumplió su parte de la misión y, en la noche del 21 de septiembre de 2023 a las 21,00 horas,

La bola se abrió.

Y al abrirse, la tierra, Gaia, Amarun, Amalurra…comenzó a emitir un brillo tal que parecía un sol.

Un sol blanco y dorado que no quemaba.

Bueno, no quemaba a la gente ni a las cosas vivas, pero fulminaba la contaminación, los pensamientos pesados, la ira, la amargura, la tensión familiar que se respira en muchos hogares en Navidad…en fin, limpiaba todo aquello que nos enferma y que no nos deja vivir.

En particular fueron desapareciendo todos los decálogos de creencias limitantes con los que estábamos programados y, a cada instante, nos sentíamos más y más ligeros.

Más libres, más felices.

Bonito. Agradable. Grande.

Los coches se detuvieron pues no era posible conducir con semejante buen rollo incorporado.

De repente, las personas, comenzaron a pasear y a mirarse como si se vieran por primera vez.

La gente se fue pareciendo cada vez más a aquella gente que vimos en lo alto del roble. En 5ta dimensión.

Estaban guapísimos, guapísimas, guapísimes…!

Y, dato curioso, las particularidades que cada persona tiene y de la que a veces se siente acomplejada, en esa dimensión, era algo de lo que presumir. Era tan bella la diferencia que te hacía sentirte bien con la tuya y admirar la de los demás.

Desapareció, de golpe y porrazo, el modo supervivencia.

Ya no había que trabajar para “ganarse” la vida.

Por el hecho de haber nacido todo el mundo disponía de lo necesario. De vivienda agradable y acogedora, de alimentos, de bici nueva para desplazarse en modo 3d aunque, si querías, podías dar un saltito y “nadar” en el aire con ese cuerpo nuevo lleno de opciones hoy en día inimaginables.

Te podías desplazar por el planeta a voluntad. Te acogían en el lugar de destino, y tu acogías a visitantes de otros lugares.

No se trabajaba para ganar un sueldo. Desaparecido el egoísmo, desapareció el dinero y los recursos se gestionaban inteligente y equitativamente. Pero eso no significa que no se hiciera nada en todo el día.

Se hacían diversas labores necesarias para que todo funcionase correctamente y también se hacían cosas por gusto. Según las habilidades de cada cual.

El arte, la cultura, la literatura, la música, tuvieron una era dorada. La creatividad, el nuevo modo de vida realmente vivo, eran fuente de inspiración de las más bellas obras y composiciones.

Y, con los permisos oportunos, se podían visitar otras regiones del universo. Otras galaxias hermosísimas.

Había diferentes maneras de hacerlo. Como observador, con el cuerpo sutil, astral. Como invitado o invitada para asistir a congresos y ceremonias, eventos y colaboraciones…Como investigador o como aventurera.

La vida, por fin, se abría paso después de edades de atraso, mentira y corrupción.

La gente era feliz porque sí. Porque se sentía tan bien que no quería que se acabara nunca. No querían regresar otra vez a ese lado de dolor, de angustia, de miedo, de frustración casi permanente.

La vida se abría paso y todos queríamos avanzar por ella. Ser en ella una célula más cumpliendo su propósito de regar hasta las regiones más oscuras del universo.

Al salir de la maldad que nos sometía, se abrieron las puertas para conocer de tú a tú a las vecinas de la galaxia, a la gente de otros sistemas solares. Y a la gente de los planetas vecinos.

Los primeros en llegar fueron los venusinos y las venusinas, que con lágrimas que se deslizaban por su fino cutis azul, decían, repetían, ya era hora…cuánto os ha costado.

 

Omkar Carabia 30/12/2022

 

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4 comentarios

  1. Una preciosa historia que nos llevará hacia la nueva vida o la nueva realidad. Mientras tanto no dejemos de encontrar la belleza y la paz en esta 3a dimensión Abrazos.

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Director de Amari Yoga

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